Regreso a Dortmund

Había evitado hasta hace dos días ver las imágenes del partido entre el Málaga y el Borussia Dortmund después de la noche del crimen. Han pasado cinco meses, y cinco meses he huido del color avispa de las camisetas alemanas como se huye de las propias avispas. Cinco meses volviendo la mirada como el que se encuentra en la tele con la cogida de Paquirri en Pozoblanco o el accidente de Ayrton Senna en Imola. Cinco meses apartando a lo más hondo de la memoria la fotografía fija del desastre consentido por muchos árbitros ineptos. Ha sido incluso fácil mantenerlo lejos porque los recuerdos no eran en alta resolución de canal de pago, ni de una repetición mil veces vista de la cobardía de Thomson concediendo un gol que violó la regla del fuera de juego dos veces en una misma jugada, en la frontera de una semifinal de Champions. Sólo recordaba el drama del momento, tal vez difuminado por el enfado y la incredulidad. Y con el abrupto fin del sueño me negué a ver resúmenes, pasando otra triste página más de la historia del Málaga. Considerando normal un desenlace irreal, resignado a la negación de la gloria merecida. Anestesiado por la dureza del golpe.

Siempre supe que alguna vez volvería al Westfalenstadion de Dortmund la noche que ejecutaron a mi equipo. Como el fútbol lo invade todo, bastó teclear la palabra ‘Málaga’ en YouTube para que esta herramienta ofreciera un completo repaso del partido con la cornada, con el accidente, con el atraco. Y como alguna vez había que suturar la herida, cogí gasas, aguja e hilo, me olvidé de que soy aprensivo y apreté el botón. No fue una cura quirúrgica, como pensaba, sino de las de sal y alcohol, y sangró más. Sobre todo cuando vi al infame Thomson mirar a su asistente de fondo, esperando que le diera el plácet para anular aquel maldito último gol. Y cobardes los dos, uno por el otro, apretaron el gatillo del tiro de gracia. Después la UEFA alabó los arbitrajes de la Champions.

Y pensé: ¿dónde se da uno de baja de esto?

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Acerca de Joaquín Marín D.

Periodista. Interesado por el mundo, la actualidad, las noticias, la tecnología, el deporte. Envidio a quien escribe bien. Orgulloso de mi gente. Proud father.
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Una respuesta a Regreso a Dortmund

  1. edumarin7 dijo:

    Tras haber leído hoy tu artículo en Diario Sur titulado “Duda, el violento”, entre otros artículos que ya has escrito anteriormente, me he sentido tan identificado con tus palabras que en cuanto me he conectado a internet he empezado a buscar artículos escritos por ti, y quiero darte las gracias por deleitarnos con tu manera de escribir. Entre los artículos que tienes aquí publicados, me ha llamado mucho la atención éste porque yo también estuve en Dortmund. Ya sé que fue ya hace casi un año, pero no puedo olvidarme, y creo que siempre recordaré aquella sensación de no saber lo que pasaba mientras Thomson nos robaba, y la cual se ahogaba por el estrepitoso ruido que profería la afición de Dortmund animando a su equipo. En aquellos momentos, cuando parecía que ya teníamos las semifinales de Champions en la mano, la mayoría de los malaguistas que estábamos allí no sabíamos lo que estaba pasando porque estábamos colocados en el otro extremo del campo, y yo, en particular, estaba tan embriagado y orgulloso por el partido que estaba realizando mi Málaga, que no daba crédito a que pudiéramos conseguirlo porque era un sueño, pero mucho menos pensé que todo pudiera acabar como aconteció finalmente. Tampoco se me olvidará aquella sensación tras acabar el partido: impotencia, coraje, rabia, lágrimas, resignación…salir de aquel estadio tan empinado se me hizo eterno, y si algo bueno hay que decir de aquello fue el gran aplauso que recibimos la afición del Málaga desde todos los graderíos del Westfallen Stadion en reconocimiento a la gran eliminatoria que habíamos realizado. Me sentí tan orgulloso en aquel momento de que algo que pertenece a mi tierra llegara tan lejos que el azul y blanco de nuestra camiseta me caló en la sangre, en lo más profundo. Como digo, salir de aquel estadio no fue fácil. Ver aquella tristeza, desilusión, decepción, fue emotivo. Tanto como fue el ver a un par de amigos llorar desconsolados, tirados en medio de un escalón, y a los que un grupo de alemanes intentaban levantar, finalmente con éxito. Y por último, para mí también será inolvidable la llegada del equipo al Aeropuerto de Munster. Ver la cara de Santa Cruz, Isco… y Joaquín arrodillado esperando junto a la zona de embarque será algo que quedará en mis retinas hasta que me muera. Desde aquel momento no he permitido que nadie hable mal de mi Málaga, porque si no estamos donde debemos es porque no nos dejaron. Y yo sé que volveremos adonde debemos porque ese gran paso que dimos fue símbolo de grandeza.

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