A veces el fútbol

El fútbol tiene un componente sentimental que lo humaniza, lo acerca a su esencia y lo despoja del hediondo aroma del dinero. Diríase que su verdadero árbitro ha pasado a ser la capacidad económica de cada club, y este deporte cada vez parece más alejado de lo que realmente es: un idioma universal que igual se habla en los potreros de Rosario, en Argentina, que en la playa de La Malagueta o en una pradera del Croydon Park de Dublín. El placer de jugar y el deseo de ganar son los motivos de este juego, o al menos los niños empiezan por estos principios. Luego en seguida se muestran dispuestos a cambiarlos, como Groucho Marx, cuando algún agente o presidente lo pide, fajo en ristre.

Por suerte el fútbol brota continuamente, puro, en colegios, calles y campos, en pequeñas canchas encajadas entre edificios en cualquier ciudad. Y conserva su componente sentimental porque a veces desafía al mundo profesional y triunfa, como cuando el Hereford inglés, un equipo de aficionados con el panadero del barrio de centrocampista, eliminó al todopoderoso Newcastle de la Copa de Inglaterra en 1972, en un campito estrecho y corto, en medio del pueblo, con los vecinos colgados del techo bajo que protegía sus pequeñas gradas, mientras llovía a mares. O cuando el soldado alemán Bert Trautmann acabó jugando de portero en el Manchester City sólo cinco años después del final de la Segunda Guerra Mundial, con toda la ciudad en contra, y hoy es un mito del club por su lealtad demostrada.

A veces el fútbol se permite ser poético. Manuel Pellegrini enseña a sus nuevos futbolistas en el Manchester City vídeos del Málaga del año pasado para que interioricen su idea de juego. El City ha invertido 118 millones de euros en los cuatro fichajes más caros de Inglaterra. Pero toma como modelo a un equipo que ya no existe, que no jugará más, que es historia, desmantelado antes de ser leyenda, cuya alineación recordaremos y que nos hizo felices un día, como el Hereford a su pueblo aquella lluviosa tarde de febrero de 1972 en pleno centro de Inglaterra.

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Acerca de Joaquín Marín D.

Periodista. Interesado por el mundo, la actualidad, las noticias, la tecnología, el deporte. Envidio a quien escribe bien. Orgulloso de mi gente. Proud father.
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