Camino de Sevilla

Por la carretera que deja a la izquierda El Limonero y La Concepción; que sube Las Pedrizas y baja a Antequera; que cruza la vega y se adentra en la campiña sevillana; que serpentea en los alrededores de Osuna y El Arahal, y que atraviesa incontables polígonos industriales hasta llegar a la ciudad de la identidad desdoblada; por la línea recta que une más que separa, el sábado se desplazarán cientos, miles de malaguistas para asistir a uno de los partidos más esperados en esta ciudad –y aunque lo nieguen, también en aquella–: el Málaga en el Pizjuán, en la casa del Sevilla.

A menudo se pretende quitar importancia a este choque. No es raro oír a amigos sevillistas aclarar que no es un derbi, sino un partido más de la liga. Que no importa tanto, realmente. Nadie lo diría luego, viendo y escuchando cánticos en las gradas de Nervión. Lo curioso es que en Málaga no se le llama derbi. Eso es más cosa de la prensa nacional, empeñada en tildar de enfrentamiento de rivalidad regional los enfrentamientos que son de rivalidad regional. Qué cosas. Al final resulta que unos rechazan lo que otros ni siquiera piden. Será otro ejemplo más, en este caso deportivo, del desencuentro continuo entre dos ciudades destinadas a entenderse y condenadas a sufrir las consecuencias de no hacerlo.

Da igual la nomenclatura. Es el hecho en sí y no sus etiquetas lo que gusta vivir. El desplazamiento, la ilusión, el llegar antes, disfrutar de una ciudad con tanto que ofrecer. Poder ejercer de malagueños en Sevilla, con orgullo sereno, sin tremendismos. Sólo por unos colores futbolísticos, que, oiga, no es poco; que mueven pasiones y sentimientos. Inofensivos, además. O así debiera ser. El fútbol es un gran invento si se usa bien. Sirve para emocionarse, sufrir, gozar, sentirse parte de un colectivo, presumir de la tierra, soltar adrenalina. Luego se acaba, y nada ha pasado. Queda un regusto amargo, acaso placebo, en caso de derrota; y una alegría duradera, terapéutica, si hay victoria.

Así que disfrutemos, malagueños, por la carretera que cruza la vega y la campiña. Y ganemos bien, allá en Sevilla.

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Acerca de Joaquín Marín D.

Periodista. Interesado por el mundo, la actualidad, las noticias, la tecnología, el deporte. Envidio a quien escribe bien. Orgulloso de mi gente. Proud father.
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