La novela en el cajón

Todos tenemos una novela en un cajón. Una composición que creemos hermosa, o una historia que pensamos que tiene interés. Unos personajes que imaginamos reales y que vemos verosímiles. Un asesino serbio, un pianista que se pone guantes para comer y no contaminar sus privilegiados dedos. O tal vez un banquero aún más avaro e ignorante de la realidad humana, pero que un día se redime. En esa novela sabemos hilar perfectamente los capítulos, todo nos sale bien. Hay un inicio vibrante, una segunda parte que engancha, muchos giros inesperados y un asesinato justo cuando menos te lo esperas. El momento en el que el pianista que no soporta que sus dedos toquen otra cosa diferente a las teclas con las que hace música, saca con sus manos desnudas el corazón del asesino serbio. Algo así.

Supongo que todos habremos intentado alguna vez empezar una historia con la intención de que acabe convertida en una novela. Recuerdo que una vez mi abuela me dijo que iba a escribir sus memorias. Había empezado a garabatear en una libreta de anillas, con su letra amplia y alta, y el comienzo me pareció brillante: ‘A ver si puedo recordar algo de mi vida’. Tan sencillo, natural y rotundo para una biografía que pensé que a un escritor de prestigio le habría costado mucho más escribirla que a ella. Lamentablemente, no tuvo continuidad. Sin duda aquella era su novela en el cajón.

Cuántos relatos mágicos, sobrecogedores, emocionantes, vibrantes o épicos se quedarán en las teclas de los ordenadores que nunca se encienden. O cuántas historias de vida permanecerán garabateadas en una libreta de cocina de la abuela, compartiendo página con la lista de la compra y las pastillas que ha mandado el médico para esas malditas jaquecas.

Habré oído decenas de veces la excusa. “Sí, tengo una novela en un cajón”. Acostumbramos a creer que tendremos tiempo para todo. Huyo de los clichés manidos pero hay uno que suscribo al cien por cien, que dice algo así como que la vida es lo que nos pasa mientras nos empeñamos en hacer planes. Quienes piensan que el tiempo abrirá la puerta de la tranquilidad, el relajo, la independencia económica o la estabilidad emocional para sentarse a escribir se equivocan. No he conocido a ningún escritor que afirme disfrutar mientras dura la creación. Más bien todo lo contrario. “Escribo desangrándome por dentro”, me dijo hace poco uno de ellos.

Todos tenemos una novela en el cajón. Pero tenemos otra, y de las malas, en la cabeza. En ésa ya vemos la novela del cajón editada, en una estantería, posiblemente alabada por algún crítico barato (o comprado) e incluso, con un poco de suerte, con un par de ejemplares vendidos a amigos o familiares. Seguro que ha ocurrido. El error está en ver esa novela en una librería, porque no está ahí. Está en el cajón, no sé si del escritorio o del alma. Y además está en blanco. Quizá sólo tenga el título, o ni siquiera eso.

Yo también tengo una novela en el cajón. En ella hay un asesino serbio. Pero no había un pianista exquisito hasta la locura. Quién sabe, igual lo añado a mi lista de personajes latentes, por si un día encuentro la tranquilidad necesaria y me pongo a escribir. Supongo que tengo tiempo suficiente. Y vuelve a empezar el bucle.

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Acerca de Joaquín Marín D.

Periodista. Interesado por el mundo, la actualidad, las noticias, la tecnología, el deporte. Envidio a quien escribe bien. Orgulloso de mi gente. Proud father.
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3 respuestas a La novela en el cajón

  1. Elena dijo:

    Continúe por favor,le escucho.
    Gracias

  2. Ro dijo:

    Me ha encantado. Yo no tengo una novela, tengo esbozos… Y cuentos. Me encanta escribir aunque tenga poco tiempo. Y tú sigue haciéndolo! Un besazo

  3. Anónimo dijo:

    En la mía, el asesino siempre acaba pulsando la tecla Supr y el mundo se va a la mierda de la papelera de reciclaje, ha ocurrido tantas veces que D:os ha olvidado para siempre ese universo paralelo

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