Una noche para recordar

El desagravio que la historia debía al malaguismo era esto. Si se trataba de sufrir durante años, acariciar las permanencias como éxitos rotundos, festejar ascensos como la posibilidad máxima, conformarse con un octavo puesto como techo o acordarse de aquella vez que jugamos las semifinales de la Copa del Rey, estará bien empleado. Hemos cerrado esa carpeta y hemos escrito a mano la palabra ‘Recuerdos’. Y al cajón. Para revisarla de vez en cuando, para no olvidar lo que fuimos.

La Rosaleda no ha vivido un espectáculo comparable al del partido contra el Zenit de San Petersburgo. Sencillamente, nunca unos jugadores del Málaga habían participado en una competición como la Champions League, ni habían dibujado un partido excelso televisado para toda Europa, ni había salido a hombros un chaval de Arroyo de la Miel, encumbrado como futbolista de clase mundial. Isco despierta tanta admiración como envidia porque todos habríamos querido ser él. Que la estrella del partido sea además malagueño es la definición perfecta de la justicia poética.

La catarsis vivida el martes por la noche es reparadora para quienes han sufrido mucho y gozado poco en su vida de malaguistas. Es una etiqueta que define históricamente a los seguidores de este equipo. Sólo los más jóvenes o los de reciente adhesión, todos bienvenidos, tienen a su favor el saldo de alegrías contra decepciones. Se han educado en el bienestar, han visto más toque y más jugadas en un año de este Málaga que otros en toda su vida. Son más felices. Las generaciones van mejorando.

No hay mayor demostración de fe futbolística que ir a ver a tu equipo con la certeza de que lo más lógico es que pierda. Pero ya se sabe lo mentirosa que es la estadística. No hay militancia más fiel y desinteresada que la alimentada desde la cuna. No hay mayor alegría que la inesperada, ni mayor orgullo que la identificación con un colectivo escogido que se supera a sí mismo. No hay palabras fáciles para definir lo impensable, lo soñado; resulta difícil canalizar emociones que se pintan de blanco y azul. Sólo cabe disfrutar y recordarlo, incluso si con el tiempo y la edad exageramos un poco lo que vimos.

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Acerca de Joaquín Marín D.

Periodista. Interesado por el mundo, la actualidad, las noticias, la tecnología, el deporte. Envidio a quien escribe bien. Orgulloso de mi gente. Proud father.
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