Un recorte de prensa

Hace ahora un año y ocho meses que dejé de trabajar en un periódico. Por circunstancias que no merece la pena recordar, un día me vi recogiendo mis cosas y cambiando de vida de la noche a la mañana -no se me ocurre un cambio mayor que el que supone dejar una redacción-. Recuerdo que guardé pocas cosas: la agenda, algún bolígrafo regalo de un entrevistado, un libro dedicado por Alex Grijelmo y un pen drive con reportajes o artículos de los que en su día me sentí orgulloso. Poco más. Antes de salir, metí entre las páginas de la agenda un recorte de prensa que había guardado un año atrás. Una pieza de 4×2 con el titular ‘El New York Times dejó pasar el caso Watergate’ y una foto en la que aparecen Bob Woodward y Carl Bernstein, los periodistas del Washington Post que firmaron la mayor exclusiva de la historia.

Ese recorte pequeño y ajado estaba en una mesa auxiliar, anexa a la mía, siempre a la vista. De vez en cuando lo repasaba y me reafirmaba en lo azarosa que es la vida. El New York Times supo en 1972 del robo de documentos del Partido Demócrata en el edificio Watergate de Washington, pero lo dejó pasar. El reportero que lo descubrió, Robert Smith, había tomado la decisión de dejar el periodismo. Y el redactor jefe al que se lo contó, Robert Phelps, estaba a punto de iniciar un viaje de un mes a Alaska. Ninguno de los dos supo o quiso ver una noticia que acabó en 1974 con la dimisión de Richard Nixon, el único presidente de los Estados Unidos que ha dejado el cargo. Al día siguiente, el Washington Post tituló ‘Nixon Resigns’ en una de las primeras páginas más importantes de la historia del periodismo.

A menudo vuelvo a ese recorte y lo releo. Cuando empiezo a perder la fe en este oficio -y hoy día es fácil que eso suceda-, acudo a él. Cuenta una historia que refleja perfectamente la fuerza de la prensa en la década de los 70 del pasado siglo, cuando era realmente un poder serio y necesario que equilibraba las fuerzas en la sociedad. Un fiscal atento, severo e independiente. El refugio de los débiles ante los abusos de los poderosos. El episodio del Watergate lo cuenta de manera deliciosa el entonces director del Washington Post, Ben Bradlee, en sus memorias, que son al mismo tiempo una crónica excepcional y una novela real.

Hoy ese periodismo no existe. Hace dos días, una periodista madrileña denunció que había recibido una oferta de trabajo que proponía pagarle 75 céntimos de euro por artículo. Al mismo tiempo, auténticos analfabetos que sólo hablan de asuntos genitales gozan de horas y horas de televisión con sueldos astronómicos. La mediocridad no sólo se premia, sino que también se paga. No es mi intención echar culpas ni soy nadie para decidir quién tiene la responsabilidad. ¿Fuimos los periodistas los que bajamos el nivel, o es la sociedad adormecida la que prefiere consumir únicamente estupideces y asuntos leves? ¿Hay alguna relación, siquiera, entre estos dos aspectos? ¿Qué papel juega la educación en este caso?

Cuando releo ese recorte de prensa vuelvo a tener la esperanza de que el ciclo cambie de nuevo. De que se le dé importancia a lo que realmente la tiene y de que los temas triviales no ocupen más de lo que sea lógico o soportable. Tal vez la crisis que sufrimos, que no sólo es económica, obligue a la sociedad a despertar de un letargo que resulta preocupante. Y a exigir a sus dirigentes más compromiso, más lealtad, más esfuerzo y rigor. Justo lo que hicieron aquellos dos periodistas del Washington Post hace 37 años, o lo que pudieron haber hecho otros dos del New York Times que, adormecidos, decidieron dejarlo pasar.

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Acerca de Joaquín Marín D.

Periodista. Interesado por el mundo, la actualidad, las noticias, la tecnología, el deporte. Envidio a quien escribe bien. Orgulloso de mi gente. Proud father.
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19 respuestas a Un recorte de prensa

  1. Carlos Pérez Ariza dijo:

    Joaquinito, se lo voy a leer a mis alumnos a quienes ya he contado la historia de aquellos dos periodistas del WP que se cubrieron de gloria, muy jóvenes aún, tras dos largos años de trabajo de investigación. Tenían detrás a un gran diario, de los que ya hoy hay pocos o casi ninguno. Muy buen artículo. Salud!!!

    • Muchas gracias, Carlos. Para mí es un gran honor que vayas a usar esta pequeña reflexión en tus clases. Un fuerte abrazo.

    • Javier dijo:

      Toda una suerte. Iré con la lección aprendida a clase de Ariza. He llegado al blog por recomendación en Twitter de Agustín Rivera. No es de extrañar que aconseje su lectura porque es genial el artículo. Precisamente, para recuperar la esperanza en esta profesión, volví a ver hace poco ‘Todos los hombres del Presidente’ con Robert Redfort y Dustin Hoffman, una pequeña joya.

      Saludos!

  2. Hola, Joaquín. Excelente reflexión a la que yo sólo añadiría una referencia a las propias empresas de comunicación, abanderadas de la libertad de expresión siempre que esta no entre en conflicto con sus propios intereses económicos e inmersas en batallas políticas soterradas y debates que, en muchas ocasiones, le son completamente ajenos a eso tan rimbombante que llaman “opinión pública”.
    Te añado a mi blogroll, con tu permiso.

  3. pvicar dijo:

    Hola,
    En primer lugar mis felicitaciones por el artículo, perfecto, sólo añadir, en relación a tu comentario una película que acabo de ver hace poco, “Nothing but the truth” es una película que, por problemas económicos, entre otras cosas no ha entrado en el circuito comercial. Se basa en el caso real de Judit Miller, que fue encarcelada por no revelar las fuentes de una noticia, toda una declaración del cambio que está sufriendo la profesión

    • Hola. Muchas gracias por tu aportación. Había oído hablar de este caso pero no sabía que hubiera una película. La buscaré para verla. Lamentablemente el periodismo también está en crisis, pero es una actividad clave para la sociedad. Así al menos lo veo yo. Un saludo.

  4. Francisco González dijo:

    Conocía la noticia, pero el enfoque en que tu la has encuadrado, pone de manifiesto la manida máxima esa de “volver a repetir la historia” . Cada segundo que pasa hace que mueran miles de posibilidades de reescribir nuestra propia historia, no pasada, sino futura, cada segundo ofrece miles de posibilidades distintas, lastima que esa miriada de posibles vidas, siempre se atisben ver a toro pasado.
    Me pareció fantástica tu prosa, no te pares ahora primo.

    • Muchas gracias, Paco. Me alegra que te haya gustado. La verdad es que tenía muchas ganas de escribir otra vez pero no encontraba el momento o la motivación. Ahora parece que la tengo y espero no perderla. Con ánimos como los que tú me das seguro que continúo. Un abrazo.

  5. Susana Fernández dijo:

    Qué placer volver a leerte. Enhorabuena por este estupendo artículo. Seguiré aprendiendo de ti. Un beso.

  6. Eulogio dijo:

    España duerme, tienes toda la razón. Nos vendrá todo de golpe encima y nó sabremos que ha padado realmente. Solo nos preocuparemos de echar culpas con los ojos cerrados. Periodismo basura es lo que hoy vemos en la television. Mi enhorabuena.

  7. Anónimo dijo:

    Me ha encantado Joaquín, he podido leerlo gracias a que lo ha compartido Enrique García en facebook. Cuánta verdad dices. Saludos

  8. Carmen Lozano Donate dijo:

    Entiendo la impotencia. Los periodistas encontráis desprecio hacia vuestra profesión, mientras que desde fuera vemos cómo el periodismo es un medio totalmente politizado que con frecuencia pretende aborregarnos en lugar de informarnos. Dicen que es mejor tener una mala información, que ninguna.

    Sin embargo, todo lo malo tiene su parte buena. Creo que antes el periodismo se realizaba de forma competente, pero los periodistas dependíais de un medio para escribir. Ahora si tienes algo que decir puedes expresarlo libremente, y tu idea puede llegar a un número inifinito de personas.

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